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Un presupuesto por chat que no se puede modificar
El precio escrito en un mensaje se copia, se modifica, se discute. Un presupuesto de verdad se manda de otra forma, y se tarda menos de treinta segundos.

«¿Cuánto sale?» es la pregunta que abre casi toda venta por chat. Y la respuesta que casi todos dan — las cifras escritas a mano en el mensaje — es la más frágil que existe.
Por qué el precio en el mensaje es un problema
Un mensaje se puede reenviar cortándole un trozo. Se puede hacer una captura a medias. Se puede recordar mal: «me dijiste 350, no 380». No hace falta mala fe, basta una conversación larga y dos cifras parecidas.
Luego están los detalles que nunca caben en el mensaje: la cantidad exacta, la variante, el descuento aplicado y sobre qué, si el envío va incluido o no, hasta cuándo vale. Cada detalle que falta es una pregunta más, o una discusión después.
Qué necesita un presupuesto que aguante
Tres cosas, y ninguna es burocracia:
- las líneas separadas — artículo, cantidad, precio unitario, total de línea — para que no haya un «total» que interpretar;
- los descuentos y los gastos escritos donde se vean, no «luego te hago un precio»;
- una forma que no se modifica: una imagen o un PDF, no un texto.
La última es la que lo cambia todo. Una imagen con el presupuesto dentro no se edita con dos toques. Quien la recibe puede pasársela a quien decide, y llega entera.
¿Y el tiempo?
Aquí está la objeción real: un presupuesto así, hecho en Excel o en un programa de oficina, cuesta cinco minutos. En un chat, cinco minutos son una eternidad: el cliente ya le preguntó a otro.
Así que la pregunta correcta no es «cómo hago un presupuesto serio», sino «cómo lo hago en el tiempo de un mensaje».
Cómo lo hace Yataio
Eliges el cliente, tocas los artículos, y el presupuesto queda armado: las líneas, los descuentos — en una línea o en el total — los gastos de envío, el IVA si te hace falta. Antes de enviarlo lo ves en vista previa, exactamente como es.
Luego lo mandas en el chat en el que ya estás hablando, en la forma que quieras:
- texto con formato, para pegar cuando el cliente quiere leerlo al vuelo;
- imagen, cuando quieres que llegue entero y se quede como está;
- PDF, cuando hace falta imprimirlo o pasárselo a una oficina.
Y cuando el cliente dice que sí, el presupuesto se convierte en pedido con un toque — mismas líneas, mismas cifras, sin volver a escribir.
Los descuentos y gastos en el documento están explicados en la guía; las tres formas de enviarlo aquí. Si te toca rehacer a menudo el mismo presupuesto, hay un artículo sobre los pedidos recurrentes.